Los robots están llegando. Y eso es algo bueno.

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Daniela Rus, directora del CSAIL en el MIT, ofrece una visión optimista sobre el futuro de la colaboración entre humanos y robots en su nuevo libro, “The Heart and the Chip: Our Bright Future with Robots”. Rus argumenta que los robots no solo no son una amenaza para la humanidad, sino que también representan una oportunidad invaluable para extender nuestras capacidades y lograr lo que ninguno podría hacer por sí solo.

La fascinación de Rus por el mundo submarino y su encuentro con el biólogo Roger Payne, quien deseaba experimentar la vida como una ballena, subraya su creencia en el potencial de los robots para mejorar nuestra comprensión del mundo. Esta colaboración entre Rus y Payne llevó al uso de drones para observar ballenas, demostrando cómo la tecnología puede ofrecer nuevas perspectivas sin alterar el comportamiento natural de los animales.

La aplicación de drones se ha extendido más allá de la investigación marina. Por ejemplo, se han utilizado para estudiar tribus no contactadas en el Amazonas sin el riesgo de transmitir enfermedades, y la NASA ha aprovechado drones para explorar Marte, ofreciendo a los científicos en la Tierra una visión detallada del planeta rojo.

Además de los drones, Rus explora el potencial de los exoesqueletos motorizados y otros dispositivos robóticos para mejorar la vida cotidiana y laboral. Estos avances no solo aumentan nuestra capacidad física, sino que también prometen ampliar nuestra percepción sensorial a lugares remotos o inaccesibles. La idea de experimentar ciudades distantes o incluso otros planetas a través de robots representa una nueva frontera en la interacción humana con el entorno.

El concepto de un “Mechanical Turk” robótico sugiere la posibilidad de combinar habilidades humanas con capacidades robóticas para realizar tareas peligrosas o poco saludables, minimizando los riesgos para los humanos. Este enfoque no solo protege a las personas de entornos extremos, sino que también amplía las posibilidades de lo que se puede lograr a través de la colaboración entre humanos y máquinas.

Rus también destaca iniciativas para entender y quizás incluso comunicarse con especies no humanas, como los intentos de descifrar el lenguaje de las ballenas. Este esfuerzo subraya la importancia de la tecnología robótica no solo para ampliar los límites humanos, sino también para fomentar una comprensión más profunda y un respeto por otras formas de vida en nuestro planeta.

En resumen, Rus presenta un futuro en el que los robots y los humanos trabajan juntos para superar limitaciones, explorar lo desconocido y proteger nuestro entorno natural. Este enfoque colaborativo promete no solo avances tecnológicos, sino también un mayor entendimiento y apreciación de la complejidad y belleza del mundo que nos rodea.

Para más detalles sobre las perspectivas de Rus y las aplicaciones innovadoras de la robótica, visite MIT Technology Review.

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Los robots están llegando. Y eso es algo bueno.

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