¿Por qué la IA provoca miedo?

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La inteligencia artificial (IA) ha generado temores por su capacidad para manipular emociones y decisiones. La IA puede influir en procesos electorales y movilizaciones sociales mediante fake news. A pesar de estos riesgos, la IA promete grandes avances científicos y automáticos. La regulación, como el AI Act de la UE, busca equilibrar sus beneficios y peligros.

La inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser una herramienta para procesar datos a un medio capaz de gestionar emociones humanas, provocando temores y controversias. La capacidad de la IA para manipular opiniones mediante fake news y movilizaciones sociales ha sido un tema central en foros internacionales como el G7 y la Declaración de Bletchley de 2023. Estas preocupaciones llevaron a la Unión Europea a aprobar el AI Act el 21 de mayo de 2024, estableciendo un marco regulatorio para controlar el uso de la IA y prevenir abusos.

La IA ofrece un futuro prometedor con aplicaciones en la automatización de procesos y avances científicos. Sin embargo, como cualquier herramienta, su impacto depende del uso que se le dé. Al igual que un cuchillo puede ser útil o peligroso, la IA puede ser beneficiosa o perjudicial según su aplicación. El derecho debe adaptarse a estas nuevas realidades, aplicando principios éticos y legales para su regulación.

El AI Act establece restricciones para el uso de la IA, similares a las medidas para la interceptación de comunicaciones. Estas incluyen limitaciones temporales y espaciales, así como la necesidad de autorización judicial para ciertas aplicaciones. La regulación busca prevenir la explotación de las emociones humanas y garantizar que la IA se utilice de manera ética.

Históricamente, nuevos descubrimientos tecnológicos han generado miedo y resistencia. Desde el fuego hasta la Revolución Industrial, cada avance ha enfrentado detractores que temían sus posibles efectos negativos. Sin embargo, estos avances han sido fundamentales para el progreso humano. La IA, aunque presenta riesgos, también tiene el potencial de transformar la sociedad positivamente.

El temor a la IA se agrava por la posibilidad de que llegue a ser consciente y escape al control humano. Sin embargo, muchas personas ya confían en la tecnología para tomar decisiones críticas, como los sistemas automáticos en aviones y hospitales. La IA se normalizará con el tiempo, como ocurrió con la electricidad, que inicialmente también fue vista con recelo.

La clave no es detener el avance de la IA, sino implementar controles éticos y legales que aseguren su uso adecuado. La maldad no reside en la tecnología, sino en su aplicación. Es crucial que la investigación y el desarrollo continúen, pero bajo una estricta supervisión para evitar abusos.

En conclusión, la IA es una herramienta poderosa que puede ser utilizada para el bien o para el mal. La regulación y el control ético son esenciales para garantizar que sus beneficios superen sus riesgos, permitiendo que la sociedad avance mientras se protege a los individuos de posibles daños.

Noticia elaborada a partir del artículo original publicado en Cinco Días.

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