RAFAEL TAMAMES / La ley de IA que no aporta y que sí resta

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RAFAEL TAMAMES / La ley de IA que no aporta y que sí resta

La reciente aprobación de la “Ley de Inteligencia Artificial” por el Parlamento Europeo el 13 de marzo de 2024 marca un hito en la regulación tecnológica, pero plantea serias preocupaciones sobre su impacto en la innovación y la libertad individual. Este reglamento, que inicialmente buscaba promover una tecnología ética a nivel global, ha evolucionado hasta definir de manera más compleja qué constituye un “Sistema de Inteligencia Artificial”, ampliando significativamente el alcance de lo que pretende regular.

La ley introduce prácticas de IA prohibidas que, aunque bienintencionadas en su deseo de proteger a los ciudadanos, podrían interpretarse como restricciones a la libertad de expresión y a la innovación tecnológica. Se prohíben, por ejemplo, sistemas de IA que manipulen el comportamiento de las personas de manera perjudicial, así como la creación de bases de datos de reconocimiento facial a partir de imágenes obtenidas sin selección específica. Estas medidas, aunque buscan prevenir abusos, podrían detener el desarrollo de tecnologías beneficiosas en campos como la medicina y la seguridad.

Además, la ley establece prohibiciones en contextos laborales y educativos excepto por razones médicas o de seguridad, lo que podría limitar el desarrollo y la aplicación de soluciones de IA que mejoren estos entornos. La clasificación de personas basada en datos biométricos también está restringida, una medida que busca evitar la discriminación pero que plantea interrogantes sobre la regulación excesiva en el avance tecnológico.

Este enfoque regulatorio no solo amenaza con frenar la innovación en el campo de la IA, sino que también refleja una desconexión con el dinamismo y la capacidad de adaptación del mercado tecnológico. La falta de gigantes de la IA en Europa, en contraste con Estados Unidos, sugiere que la regulación puede estar desincentivando la inversión y el desarrollo tecnológico en el continente.

La ley, en su esfuerzo por establecer un marco seguro para la implementación de la IA, parece no reconocer que la mejor garantía de precisión y seguridad en la tecnología proviene de los propios desarrolladores y del mercado, no de la imposición de restricciones legales. La responsabilidad y la resolución de conflictos deberían basarse en la protección de la libertad y la propiedad, permitiendo que la innovación prospere dentro de un marco de derechos individuales.

En conclusión, la nueva ley de IA de la Unión Europea, aunque nace de una intención protectora, puede resultar contraproducente, limitando la libertad de innovar y potencialmente colocando a Europa en una posición desfavorable en la carrera tecnológica global. La regulación debería buscar equilibrar la protección de los ciudadanos con el fomento de un entorno que incentive la innovación y el desarrollo tecnológico.

Información extraída del artículo original publicado en La Información.

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